De la dependencia a la capacidad local: el camino de América Latina para ampliar el acceso a la innovación en salud

América Latina cuenta con suficiente capacidad científica para convertirse en una de las regiones protagonistas de la innovación en salud, pero necesita transformar sus capacidades en un ecosistema. Descubra por qué esto puede definir el futuro del acceso a los medicamentos en la región.

Por Lucas E. Botelho de Souza (*)

“Innovación” es una palabra poderosa en el ámbito de la salud. Evoca ciencia de vanguardia, nuevas plataformas tecnológicas, medicamentos transformadores y respuestas más rápidas a necesidades médicas aún no atendidas. Sin embargo, en salud pública, la innovación solo cumple plenamente su función cuando llega a las personas. La Organización Mundial de la Salud refuerza que la cobertura sanitaria universal depende del acceso económicamente viable a medicamentos y productos de salud seguros, eficaces y de calidad. En otras palabras, innovación sin acceso no es innovación.

Este punto es particularmente importante para América Latina. Durante mucho tiempo, la región ha convivido con una paradoja: aunque reúne una gran demanda en salud, importantes centros médicos, universidades cualificadas y una capacidad científica reconocida, el acceso a medicamentos innovadores sigue siendo limitado en muchas áreas terapéuticas. Este desafío es especialmente evidente en enfermedades de alta complejidad, como el cáncer, las enfermedades raras, las enfermedades inmunomediadas y las afecciones crónicas que requieren terapias biológicas avanzadas.

El desafío del acceso a la innovación en América Latina

Un informe de IQVIA sobre financiación innovadora de medicamentos en América Latina señala precisamente este escenario: a pesar de los importantes avances de la industria farmacéutica en el desarrollo de nuevas terapias, el acceso regional a gran parte de los medicamentos innovadores más recientes sigue siendo limitado, especialmente en oncología y enfermedades raras.

La cuestión central, por lo tanto, no es solo cómo importar innovación, sino cómo construir las condiciones para que esta sea desarrollada, evaluada, producida, incorporada y puesta a disposición de la población de manera más sostenible. En este contexto, la inversión en investigación y desarrollo (I+D) deja de ser únicamente una agenda científica o industrial. Se convierte en una estrategia de acceso.

¿Por qué son importantes la producción local y la investigación clínica?

Cuando una región desarrolla capacidades propias de I+D, comienza a participar en etapas más sofisticadas de la cadena de valor biofarmacéutica, incluyendo la investigación traslacional, el desarrollo de procesos, la producción piloto, los métodos analíticos, los estudios clínicos, la generación de evidencia local, el diálogo regulatorio y la transferencia tecnológica. A mediano plazo, estas capacidades pueden reducir las dependencias externas, mejorar la toma de decisiones, atraer inversiones, formar talentos y crear mejores condiciones para que las nuevas tecnologías lleguen a los pacientes.

La pandemia aceleró el debate sobre la soberanía sanitaria

La pandemia de COVID-19 hizo que este debate fuera aún más concreto al poner de manifiesto la fuerte dependencia de América Latina de las tecnologías sanitarias importadas y la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro en situaciones de emergencia. Como respuesta, la OPS comenzó a apoyar iniciativas regionales orientadas a ampliar las capacidades de investigación, desarrollo y fabricación de vacunas y otras tecnologías sanitarias en las Américas.

Este movimiento no implica un aislamiento tecnológico. Por el contrario, la autonomía regional en salud debe entenderse como la capacidad de participar en redes globales de innovación con mayor protagonismo, mayor absorción tecnológica y una mayor contribución propia. La región no necesita sustituir la cooperación internacional, sino fortalecerla. Para ello, universidades, empresas, hospitales, centros de investigación, agencias reguladoras, gobiernos e inversores deben estar conectados por una agenda común: transformar el conocimiento en productos seguros, eficaces, accesibles y relevantes para las necesidades de la población.

América Latina ya cuenta con capacidad científica

América Latina ya presenta señales concretas de esta evolución. Informes recientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del IDB Lab describen un ecosistema regional de innovación en salud en expansión, con startups, centros de investigación, inversores, hospitales, universidades y empresas que trabajan en áreas como salud digital, biotecnología, diagnóstico, inteligencia de datos, nuevos modelos asistenciales y desarrollo farmacéutico. El informe Health Innovation & Technology in Latin America & the Caribbean, publicado por IDB Lab y HolonIQ, describe este entorno como creciente, aunque todavía marcado por desafíos estructurales en materia de financiación, acceso, tecnología, datos, fuerza laboral y regulación.

Además, la región cuenta con activos relevantes: excelentes universidades, tradición en salud pública, experiencia en inmunización, diversidad poblacional, centros clínicos de alta complejidad, profesionales cualificados e instituciones capaces de producir conocimiento científico competitivo. Por lo tanto, la pregunta no es si América Latina cuenta con capacidad científica. La tiene. La pregunta es cómo transformar esa capacidad en un ecosistema biofarmacéutico integrado y sostenible, capaz de generar un impacto real.

En este contexto, la investigación clínica desempeña un papel estratégico. La realización de estudios clínicos de calidad internacional en América Latina contribuye al desarrollo global de medicamentos y, al mismo tiempo, genera evidencia local relevante para médicos, reguladores, pagadores y sistemas de salud. La evidencia local puede respaldar las decisiones de incorporación, reducir las incertidumbres sobre la efectividad y seguridad, demostrar el beneficio clínico en poblaciones regionales y acelerar la adopción responsable de nuevas tecnologías.

Un informe del BID sobre la cadena global de valor farmacéutica muestra que, entre 2015 y 2020, la industria farmacéutica patrocinó 3.234 estudios clínicos en América Latina, un volumen superior al observado en África y el sur de Asia durante el mismo período. Brasil, Argentina y México concentraron alrededor del 70% de estos estudios, mientras que Colombia y Chile representaron aproximadamente el 20%.

Estos datos indican que América Latina ya participa en el desarrollo clínico global. Sin embargo, existe una oportunidad de avanzar más allá de la ejecución operativa de estudios internacionales. La región puede ampliar su participación en el diseño estratégico de los estudios, la selección de biomarcadores, la generación de hipótesis traslacionales, la adaptación de tecnologías a las realidades locales, el diálogo regulatorio temprano y el desarrollo de productos alineados con las necesidades epidemiológicas regionales.

El futuro de la innovación en salud depende de la colaboración

Este avance es especialmente importante en áreas de alta complejidad, como las vacunas de nueva generación, los anticuerpos monoclonales, las plataformas de ARN, las terapias celulares, las terapias génicas y los sistemas avanzados de administración. En estos campos, la ciencia, el desarrollo, la producción, la calidad, la regulación y la aplicación clínica son altamente interdependientes. Por ello, un ecosistema regional sólido debe integrar estos componentes desde el inicio.

Para que este movimiento alcance escala, algunos elementos son fundamentales: inversión constante en infraestructura de I+D y fabricación; integración efectiva entre la academia y la industria; previsibilidad regulatoria, con un diálogo técnico temprano entre desarrolladores y autoridades; y una visión regional capaz de combinar competencias complementarias entre diferentes países e instituciones.

Es en este escenario donde las empresas globales con presencia regional pueden tener un impacto transformador, siempre que su actuación vaya más allá de la presencia comercial. El verdadero valor reside en contribuir a la construcción de capacidades locales mediante la investigación, el desarrollo, la transferencia tecnológica, la formación de talentos, la generación de evidencia clínica, la colaboración científica, la producción y el fortalecimiento institucional.

SINOVAC Brasil se inserta en este contexto con una agenda particularmente relevante. La compañía ya ha sido seleccionada en dos procesos de Asociación para el Desarrollo Productivo (PDP), contribuyendo al desarrollo de una masa crítica en Brasil y a la ampliación de la capacidad regional en biotecnología. Además, anunció una inversión de US$ 100 millones en Brasil para el desarrollo de terapias celulares, la producción local de vacunas y anticuerpos monoclonales.

Esta combinación de producción, I+D, transferencia tecnológica e investigación clínica contribuye a posicionar a América Latina en un nuevo nivel. Más que llevar productos innovadores a la región, se trata de desarrollar capacidades locales para participar en la creación, validación, producción y disponibilidad de estas tecnologías, ampliando también la generación de ingresos y la sostenibilidad del ecosistema regional de innovación en salud. De esta manera, la región crea mejores condiciones para ampliar el acceso de la población a una gama cada vez mayor de medicamentos innovadores.

(*) Director de Investigación, Desarrollo e Innovación de SINOVAC Brasil. Especialista en terapias avanzadas y desarrollo traslacional, lideró el desarrollo preclínico del primer producto de células CAR-T de América Latina y el desarrollo de métodos analíticos para su control de calidad y monitoreo clínico. Es biólogo, máster y doctor por la Universidade de São Paulo, con una estancia posdoctoral en el Institut National de la Santé et de la Recherche Médicale (Francia).

Fuentes citadas:

Frederick Stacey. The Pharmaceutical Global Value Chain: Participation and Opportunities for Latin America and the Caribbean. 2025. http://dx.doi.org/10.18235/0013712.

IDB Lab; HolonIQ. Health Innovation & Technology in Latin America & the Caribbean. Washington, DC: Inter-American Development Bank, 2024.

IQVIA Institute for Human Data Science. Innovative Funding for Medicines in Latin America. IQVIA Institute, 2020.

Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios. SINOVAC anuncia una inversión de US$ 100 millones para la producción de productos inmunobiológicos y terapias avanzadas en Brasil. Enlace de la noticia: Noticia en el sitio del Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios

Soberanía sanitaria en América Latina y los caminos hacia la construcción de sistemas de salud más sostenibles

Por Dimas Covas, científico jefe de Investigación, Desarrollo e Innovación de SINOVAC

El debate sobre la soberanía sanitaria en América Latina ha cobrado mayor relevancia en los últimos años, especialmente ante crisis globales que han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de los países altamente dependientes de las cadenas internacionales de suministro.

En un escenario en el que la salud pública se consolida como un elemento estratégico para el desarrollo, resulta fundamental comprender cómo la producción local de vacunas, la transferencia de tecnología en salud y el acceso efectivo de la población se articulan para sostener sistemas más sostenibles.

La región presenta una combinación particular de factores. Por un lado, cuenta con una capacidad científica relevante, con centros de investigación, universidades y profesionales cualificados. Por otro, aún enfrenta limitaciones estructurales que dificultan transformar este conocimiento en soluciones aplicadas, especialmente en el sector biofarmacéutico. Esta brecha se refleja directamente en la dependencia de las importaciones y en la dificultad para responder rápidamente ante emergencias sanitarias.

La soberanía sanitaria como pilar estratégico

Se traduce en la capacidad de un país o una región para garantizar, de manera continua y sostenible, el acceso a insumos, tecnologías y soluciones de salud. Está directamente vinculada con la autonomía estratégica y la “resiliencia de los sistemas de salud”, ya que la falta de vacunas y medicamentos en momentos críticos compromete la respuesta ante las crisis y amplía sus impactos sociales y económicos.

Durante la pandemia de COVID-19, los países con una baja capacidad de producción local enfrentaron retrasos significativos en el acceso a las vacunas. Este escenario reforzó la importancia de reducir las vulnerabilidades asociadas a las cadenas globales de suministro, especialmente en contextos de alta presión de demanda, y de fortalecer las políticas públicas orientadas al desarrollo de la industria de la salud. La Organización Mundial de la Salud destaca que la expansión de la capacidad regional de producción es uno de los pilares para aumentar la seguridad sanitaria global.

En el caso de América Latina, este desafío es aún más relevante. A pesar de ser uno de los mayores mercados de salud del mundo, la región todavía importa gran parte de los insumos necesarios para la producción de vacunas. Este desequilibrio limita la autonomía de los países y pone de manifiesto la necesidad de estrategias estructuradas de largo plazo.

Producción local y fortalecimiento de la industria

La producción local es uno de los principales pilares de la soberanía sanitaria. Sin embargo, es importante diferenciar la capacidad instalada de la independencia tecnológica. Muchos países cuentan con estructuras industriales destinadas al envasado o a las etapas finales de producción, pero todavía dependen de insumos y tecnologías externas.

Avanzar hacia una producción integral implica invertir en investigación, desarrollo e innovación, además de fortalecer la infraestructura productiva. Este movimiento contribuye a reducir las vulnerabilidades externas y ampliar la capacidad de respuesta ante emergencias.

La actuación de SINOVAC en Brasil se inserta en este contexto, al priorizar la construcción de una base local que integre investigación, desarrollo y producción. Las iniciativas orientadas a la producción nacional y a la realización de estudios clínicos tienen el potencial de ampliar la participación del país en etapas más avanzadas de la innovación en salud.

Además del impacto directo en la salud pública, el fortalecimiento de la industria biofarmacéutica genera efectos positivos en la economía. La expansión de la producción local de vacunas está asociada con la creación de empleos cualificados, el desarrollo de cadenas productivas y la atracción de inversiones en innovación. El Banco Mundial señala que el desarrollo de la producción local en países emergentes contribuye a beneficios estructurales a largo plazo, incluida una mayor autonomía y capacidad industrial.

Este avance, sin embargo, no está exento de desafíos. La sostenibilidad de estos modelos depende de factores como la previsibilidad regulatoria, la continuidad de las inversiones y la capacidad de coordinación entre los diferentes actores del sistema de salud.

La transferencia de tecnología como vector de aceleración

La transferencia de tecnología es un componente central del desarrollo científico e industrial en el área de la salud. Las alianzas internacionales permiten acceder a plataformas tecnológicas consolidadas, acortando el tiempo necesario para implementar capacidades locales.

Sin embargo, es importante comprender que la transferencia de tecnología no debe considerarse una solución puntual. Su impacto depende de la capacidad de absorción local, de la formación de profesionales cualificados y de la continuidad de las inversiones en investigación y desarrollo.

A lo largo del tiempo, este proceso puede promover un cambio estructural en el papel de América Latina. La región deja de actuar exclusivamente como receptora de tecnología y pasa a participar de manera más activa en la generación de conocimiento. La ampliación de la participación en estudios clínicos y en redes internacionales de investigación contribuye a este avance, fortaleciendo el ecosistema científico regional.

SINOVAC ha adoptado este modelo mediante el establecimiento de alianzas orientadas a la producción local y a la colaboración científica. Este tipo de iniciativa contribuye a la formación de capital humano especializado y al desarrollo de capacidades que permanecen en el país incluso después de la implementación inicial de los proyectos.

Acceso a las vacunas y cobertura en América Latina

La disponibilidad de vacunas es solo una etapa del proceso. El acceso efectivo de la población depende de factores que incluyen la infraestructura logística, la organización de los sistemas de salud y políticas públicas consistentes.

En América Latina, la desigualdad en el acceso entre países y regiones todavía representa un desafío relevante. Las áreas con infraestructura más limitada enfrentan dificultades adicionales en la distribución y el almacenamiento de vacunas, lo que impacta directamente en la cobertura de vacunación. La OPS (Organización Panamericana de la Salud) destaca que ampliar la cobertura depende no solo de la disponibilidad de vacunas, sino también de la capacidad de los sistemas de salud para llegar a las poblaciones vulnerables.

La experiencia reciente demostró que características como la estabilidad térmica y la facilidad de transporte pueden influir significativamente en la capacidad de distribución en regiones remotas. Las soluciones adaptadas a las realidades locales tienden a ampliar el alcance de las campañas de inmunización y reducir las barreras logísticas.

Además de los aspectos estructurales, los factores relacionados con la confianza y la información desempeñan un papel determinante. Gavi, the Vaccine Alliance, señala que la confianza de la población es uno de los principales determinantes de la adhesión a las campañas de vacunación y se ve directamente influida por la calidad de la comunicación y el acceso a información confiable.

Integración entre ciencia, industria y políticas públicas

El avance de la salud en América Latina depende de la integración entre diferentes dimensiones. La soberanía sanitaria, la producción local de vacunas, la transferencia de tecnología en salud y el acceso no deben abordarse de manera aislada. Estos elementos forman parte de un sistema interdependiente, en el que el fortalecimiento de un eje tiende a potenciar los demás.

La construcción de un modelo sostenible requiere coordinación entre gobiernos, instituciones científicas y el sector productivo. Las políticas industriales orientadas a la salud deben estar alineadas con estrategias de innovación y mecanismos que garanticen la previsibilidad de la demanda.

En este escenario, las iniciativas que conectan la investigación con la aplicación práctica adquieren relevancia. El desarrollo científico solo se traduce en impacto social cuando existen condiciones para su implementación a gran escala. Este proceso comprende etapas complejas, desde la investigación básica hasta la producción y distribución, y requiere una articulación continua entre los diferentes actores.

SINOVAC y el fortalecimiento de la capacidad regional

La presencia de SINOVAC en América Latina refleja una estrategia orientada al fortalecimiento de las capacidades locales en salud. Con más de dos décadas de experiencia en el desarrollo de vacunas y en la producción a gran escala, la compañía ha contribuido a ampliar el acceso a vacunas y a consolidar alianzas con instituciones locales.

La expansión de sus operaciones en Brasil incluye inversiones en producción local, investigación y desarrollo, y nuevas tecnologías. Este movimiento está alineado con la necesidad de reducir la dependencia de las importaciones y ampliar la autonomía de la región en materia de salud.

Al combinar experiencia internacional con colaboración local, iniciativas de este tipo contribuyen a acelerar el desarrollo del sector biofarmacéutico y a posicionar a América Latina de manera más competitiva en el escenario global.

Perspectivas para el futuro de la salud en América Latina

El fortalecimiento de la soberanía sanitaria en América Latina no es un proceso inmediato. Se trata de una construcción gradual que depende de inversiones continuas, estabilidad institucional y una visión estratégica de largo plazo.

La experiencia reciente ha demostrado que la capacidad de respuesta ante las crisis sanitarias está directamente relacionada con la existencia de una base local estructurada. Los países que invierten en producción local, transferencia de tecnología e innovación tienden a presentar una mayor resiliencia y capacidad de adaptación.

En este contexto, la integración entre ciencia, industria y políticas públicas se consolida como uno de los principales caminos para el desarrollo sostenible de la salud en la región. La transformación del conocimiento en soluciones concretas, accesibles y distribuidas de manera equitativa sigue siendo uno de los principales desafíos, pero también una de las mayores oportunidades para América Latina.

Referencias

Tuve varicela cuando era niño y sobreviví. ¿Por qué debería vacunar a mis hijos?

Patrícia Carneiro*

La escena todavía es común: un niño con manchas en la piel, fiebre leve y algunos días sin asistir a la escuela. Para muchas personas, la varicela todavía se percibe como una parte natural de la infancia. Sin embargo, esta visión no refleja la realidad de la salud pública, que debe hacer frente a casos a gran escala, cuadros que pueden agravarse, hospitalizaciones y, posteriormente, posibles secuelas.

El impacto en las familias también es importante. Ya sea por cuestiones emocionales o por la necesidad de que la madre o el padre se ausenten del trabajo durante algunos días, también se suman los desplazamientos para recibir atención médica y el impacto inesperado en el presupuesto familiar debido a los gastos con medicamentos.

La vacunación cambió el curso de la enfermedad. La incorporación de la vacuna al calendario nacional forma parte de las estrategias para ampliar la cobertura de vacunación. La vacuna contra la varicela está disponible tanto en la vacuna tetraviral (combinada con otras tres vacunas) como en su presentación monovalente (administrada de forma individual), utilizada con frecuencia como dosis de refuerzo o cuando la vacuna tetraviral no está disponible.

Cobertura de vacunación

La ampliación de la producción tiene un impacto directo en la disponibilidad de vacunas para los gobiernos. En Brasil, esto ocurre mediante asociaciones con laboratorios nacionales e internacionales y se ha convertido en una prioridad para garantizar la estabilidad del suministro.

Producción local y fortalecimiento del sistema

En este contexto, las iniciativas de producción nacional, como las Asociaciones para el Desarrollo Productivo (PDP), adquieren relevancia estratégica para reducir la dependencia externa y garantizar el suministro.

Al ampliar la disponibilidad de vacunas, estas iniciativas contribuyen a:

  • reducir la dependencia de proveedores externos;
  • aumentar la previsibilidad del suministro;
  • fortalecer la capacidad de respuesta del sistema de salud.

Además, promueven el desarrollo tecnológico y la cualificación de la cadena productiva de productos inmunobiológicos en Brasil, al facilitar la transferencia de conocimientos técnicos y apoyar el desarrollo futuro de vacunas y otros productos de salud alineados con las estrategias del SUS (Sistema Único de Salud).

Los impactos son directos en la cobertura de vacunación infantil. El suministro continuo de la vacuna contra la varicela es fundamental para mantener y ampliar las tasas de inmunización, reducir la circulación del virus y proteger a las personas que no pueden recibir la vacuna.

“Ampliar la cobertura de vacunación contra la varicela es más que una meta sanitaria; es un compromiso con el futuro.”

Desde el punto de vista de la calidad, área a la que he dedicado mi trayectoria profesional, cada etapa del desarrollo y la producción de vacunas se lleva a cabo bajo estrictos estándares. No se trata únicamente de cumplir con los requisitos regulatorios, sino de garantizar que cada dosis represente seguridad, eficacia y confianza.

La calidad como pilar de la vacunación

Cada etapa del desarrollo y la producción de vacunas se lleva a cabo bajo estrictos estándares. No se trata únicamente de cumplir con las exigencias regulatorias, sino de garantizar que cada dosis represente seguridad, eficacia y confianza.

A lo largo de 18 años de experiencia en la producción de productos inmunobiológicos, he acompañado la evolución de los programas de inmunización en Brasil y la importancia de alinear el rigor técnico, la consistencia operativa y el compromiso con la salud pública.

La vacuna contra la varicela como prevención del herpes zóster

De hecho, existe evidencia científica de que la vacuna contra la varicela administrada durante la infancia puede prevenir la infección primaria por el virus varicela-zóster y, en consecuencia, reducir el riesgo de desarrollar herpes zóster en la edad adulta. Esto se debe a que, cuando una persona contrae la enfermedad durante la infancia, el virus puede permanecer en estado latente y reactivarse en el futuro en forma de herpes zóster.

Evidencia clínica e impacto en la salud pública

Los estudios clínicos indican que las vacunas contra la varicela disponibles en el mercado presentan perfiles comparables de inmunogenicidad, con variaciones relevantes en cuanto a costo, tolerabilidad e impacto operativo, factores determinantes para los programas públicos de vacunación a gran escala.

Estos elementos influyen directamente en la adhesión a la vacunación, la sostenibilidad de las estrategias de inmunización y la capacidad de ampliar la cobertura a nivel poblacional.

Cuándo recibir la vacuna contra la varicela en Brasil

El Programa Nacional de Inmunizaciones (PNI) contempla dos dosis de la vacuna contra la varicela.

  • A los 15 meses de edad: primera dosis, mediante la combinación de la vacuna triple viral (SRP —sarampión, rubéola y parotiditis—) y la vacuna contra la varicela monovalente. Según el PNI, en caso de no disponibilidad de la vacuna contra la varicela monovalente, podrá utilizarse la vacuna tetraviral.
  • A los 4 años de edad: segunda dosis del esquema con la vacuna contra la varicela monovalente.
  • En situaciones de brote (como en guarderías, escuelas o en casos de contacto domiciliario), a partir de los 9 meses de edad, sin sustituir el esquema de vacunación de rutina.

La vacunación está recomendada para niños, adolescentes y adultos susceptibles, es decir, que no hayan tenido la enfermedad anteriormente. En estos casos, el esquema de vacunación también consta de 2 dosis, pero con un intervalo de 1 a 3 meses. Si se recibió una sola dosis durante la infancia, se recomienda una dosis de refuerzo.

Revertir la disminución de la cobertura de vacunación en Brasil requiere una acción coordinada entre producción, regulación y acceso. Sin garantizar un suministro continuo y la confianza en las vacunas, el país corre el riesgo de que las enfermedades prevenibles vuelvan a ejercer presión sobre el sistema de salud.

*Patrícia Carneiro es doctora en Inmunología por la Universidade de São Paulo (USP) y directora de Calidad y Asuntos Regulatorios de SINOVAC, con experiencia en desarrollo, producción y control de calidad de vacunas, además de experiencia en procesos regulatorios nacionales e internacionales.

Vacuna contra la varicela: desempeño, seguridad e impacto

La vacunación contra la varicela es una de las estrategias más eficaces para reducir la circulación del virus y prevenir complicaciones asociadas a la enfermedad, especialmente en la población pediátrica. Además de la protección individual, la ampliación de la cobertura de vacunación contribuye directamente a disminuir los brotes y reducir la sobrecarga de los sistemas de salud.

Desde el punto de vista científico, los estudios clínicos y los datos de vigilancia epidemiológica indican que las vacunas contra la varicela actualmente disponibles presentan niveles consistentes de inmunogenicidad, es decir, capacidad para estimular adecuadamente la respuesta del sistema inmunitario. Este factor es esencial para garantizar una protección sostenida en el tiempo y respaldar estrategias de inmunización a gran escala.

Otro aspecto relevante está relacionado con el perfil de seguridad. En general, las vacunas contra la varicela son bien toleradas, con una baja incidencia de eventos adversos. Cuando se presentan, las reacciones suelen ser leves y transitorias, como manifestaciones locales en el lugar de aplicación. Este perfil contribuye a la confianza de la población y a la adhesión a los programas de vacunación.

Desde la perspectiva de la salud pública, la vacunación también desempeña un papel importante en la optimización de los recursos. La prevención de casos reduce la necesidad de consultas médicas, hospitalizaciones y ausencias escolares, además de minimizar los impactos indirectos asociados a la transmisión de la enfermedad. De esta manera, las estrategias de inmunización bien estructuradas tienden a generar beneficios no solo clínicos, sino también sociales y económicos.

La adopción de vacunas con características adecuadas de almacenamiento, distribución y administración facilita su implementación en diferentes contextos, incluidas las regiones que enfrentan desafíos logísticos. Este factor es especialmente relevante en países de gran extensión territorial, como Brasil, donde la equidad en el acceso a la salud constituye un punto central de las políticas públicas.

En este escenario, fortalecer la vacunación contra la varicela sigue siendo un paso importante para ampliar la protección colectiva, reducir las desigualdades en el acceso a la inmunización y avanzar en el control de enfermedades prevenibles.

Por que acreditamos em mentiras na saúde – e por que elas parecem verdade

Na área da saúde, o que parece convincente nem sempre é verdadeiro. E entender o porquê é essencial para decisões mais seguras.

Todos os anos, em 1o de abril, Dia da Mentira, é comum ver conteúdos leves, brincadeiras e pequenas invenções circulando. No entanto, quando o assunto é saúde, a lógica da mentira assume uma dimensão muito mais complexa e, inclusive, potencialmente perigosa.

Diferentemente de outros contextos, a desinformação em saúde não depende apenas de dados incorretos para se sustentar. Ela se apoia em fatores profundamente humanos, como emoção, percepção, confiança e forma de interpretar informações.

Por isso, muitas informações equivocadas não apenas circulam, mas permanecem. Em um cenário de excesso de conteúdo, alta velocidade de compartilhamento e múltiplas fontes, o desafio não é só separar o que é verdadeiro do que é falso, mas entender por que o falso, muitas vezes, parece tão convincente.

A desinformação raramente parece mentira

Um dos pontos mais importantes é que a desinformação raramente se apresenta como algo claramente falso. Pelo contrário, costuma vir acompanhada de uma lógica aparente, linguagem técnica, relatos pessoais ou até o apoio de alguma autoridade.

Esse conjunto reduz a desconfiança inicial e aumenta a chance de aceitação.

Além disso, a repetição tem um papel importante. Quando uma informação aparece várias vezes ao longo do tempo, ela passa a soar conhecida e, muitas vezes, acaba sendo vista como verdadeira.

Esse processo está ligado aos chamados vieses cognitivos, que são atalhos mentais usados pelo cérebro para lidar com informações de forma mais rápida, nem sempre precisa (KAHNEMAN, 2011).

Na saúde, a própria Organização Mundial da Saúde já alertou para esse cenário, conhecido como “infodemia”: um excesso de informações, corretas ou não, que dificulta a tomada de decisões. (WORLD HEALTH ORGANIZATION, 2020).

O medo como motor da desinformação

Entre os fatores que impulsionam a desinformação, o medo ocupa um lugar central. O cérebro humano é naturalmente mais sensível a ameaças, como uma forma de proteção (BAUMEISTER et al., 2001).

Na prática, isso faz com que conteúdos que falam de risco, perigo ou urgência chamem mais atenção e sejam percebidos como mais relevantes e, muitas vezes, mais confiáveis.

Um exemplo conhecido aconteceu em 1998, quando um estudo sugeriu uma ligação entre vacinas e autismo. A repercussão foi global e influenciou decisões de saúde em vários países.

Anos depois, o estudo foi comprovado como fraudulento e formalmente retratado pela revista científica que o publicou (THE LANCET, 2010). Ainda assim, seus efeitos persistem até hoje, mostrando como o medo pode amplificar e prolongar o impacto da desinformação.

Confiança, autoridade e percepção

A forma como interpretamos informações em saúde não depende só do conteúdo, mas também de quem comunica. Quando há confiança na fonte, a tendência é questionar menos — mesmo sem evidência científica sólida (WORLD HEALTH ORGANIZATION, 2020).

Isso não é novo. Durante décadas, por exemplo, médicos chegaram a recomendar o consumo de cigarros, em um momento em que os riscos ainda não eram totalmente conhecidos.

Com o avanço da ciência, foi possível comprovar a relação entre o tabagismo e doenças graves. Esse tipo de mudança não representa uma falha, mas faz parte do próprio processo científico (CENTERS FOR DISEASE CONTROL AND PREVENTION, 2023).

Esse tipo de revisão não deve ser interpretado como falha da ciência, mas como parte do seu próprio funcionamento.

Ainda assim, para o público, mudanças podem gerar insegurança e abrir espaço para dúvidas.

Quando a ciência muda – e isso gera desconfiança

A ciência é, por natureza, um processo dinâmico.

Novas evidências levam à revisão de recomendações e, em alguns casos, à mudança de práticas.

Esse processo é essencial, mas nem sempre é percebido dessa forma. Muitas vezes, mudanças são vistas como contradição, e não como avanço.

Isso pode enfraquecer a confiança e favorecer explicações simplificadas ou distorcidas.

A história da medicina traz vários exemplos. Por mais de dois mil anos, a sangria foi considerada um tratamento válido. Só com métodos mais rigorosos foi possível demonstrar que, além de ineficaz, podia ser prejudicial (PORTER, 1997).

A força da ciência está justamente na sua capacidade de evoluir e se corrigir.

O corpo também responde ao que acreditamos

Outro ponto importante é o impacto das expectativas sobre o corpo.

O chamado efeito nocebo mostra que a expectativa de um efeito negativo pode levar ao surgimento real de sintomas.

Ou seja, a experiência física não depende apenas de fatores biológicos, mas também da forma como interpretamos e antecipamos situações.

Um estudo publicado em 2022 analisou dados de mais de 45 mil pessoas e indicou que parte das reações relatadas após a vacinação pode estar associada a esse efeito.

Isso reforça como crenças e contexto influenciam diretamente a percepção de sintomas (HAAS et al., 2022).

O que isso revela

A desinformação em saúde não é apenas um problema de informação incorreta. Ela está ligada à forma como pensamos, sentimos e tomamos decisões.

Por isso, combatê-la vai além de corrigir dados. É preciso entender por que certas mensagens parecem mais atraentes e acabam se espalhando com facilidade.

Esse é um desafio que envolve comunicação, comportamento e cultura.

Em saúde, questionar também é cuidado

Em um cenário com tanta informação, desenvolver senso crítico é essencial.

Isso não significa desconfiar de tudo, mas buscar contexto, avaliar fontes e entender que o conhecimento científico está em constante evolução.

No fim, a forma como interpretamos uma informação pode ser tão importante quanto a própria informação.

____________________

REFERÊNCIAS

BAUMEISTER, R. F. et al. Bad is stronger than good. Review of General Psychology, v. 5, n. 4, p. 323–370, 2001. Disponível em: https://doi.org/10.1037/1089-2680.5.4.323

CENTERS FOR DISEASE CONTROL AND PREVENTION (CDC). Health Effects of Cigarette Smoking. Disponível em: https://www.cdc.gov/tobacco/basic_information/health_effects/index.htm

HAAS, J. W. et al. Frequency of Adverse Events in the Placebo Arms of COVID-19 Vaccine Trials: A Systematic Review and Meta-analysis. JAMA Network Open, v. 5, n. 1, e2143955, 2022. Disponível em: https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2788172

KAHNEMAN, D. Thinking, Fast and Slow. New York: Farrar, Straus and Giroux, 2011.

PORTER, R. The Greatest Benefit to Mankind: A Medical History of Humanity. London: HarperCollins, 1997.

THE LANCET. Retraction—Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non-specific colitis, and pervasive developmental disorder in children. The Lancet, 2010. Disponível em: https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(10)60175-4/fulltext

WORLD HEALTH ORGANIZATION. Managing the COVID-19 infodemic. 2020. Disponível em: https://www.who.int/publications/i/item/9789240010314

A ciência por trás das vacinas

Desenvolvimento de novos imunizantes é um processo rigoroso e demorado, mas é esse rigor que garante a segurança e eficácia necessárias para combater patógenos causadores de doenças

O desenvolvimento de novas vacinas é um processo rigoroso e demorado. Antes de serem liberadas para o mercado consumidor, novas formulações precisam obter a aprovação de órgãos reguladores oficiais, como a agência regulatória de alimentos e medicamentos dos Estados Unidos, a FDA, e a Agência Nacional de Vigilância Sanitária (Anvisa), no Brasil. Para isso, precisam passar por sucessivos e rigorosos testes de qualidade que comprovem sua segurança e eficácia — para se ter uma ideia, um estudo publicado na revista científica Lancet Global Health estimou que todo esse percurso pode levar entre 10 e 15 anos e exigir investimentos que variam entre US$ 1,2 e US$ 8,4 bilhões.

Tudo começa com os experimentos em células in vitro e em modelos animais (in vivo). Essa etapa, conhecida como estudo pré-clínico, é feita em laboratórios com pessoal especializado em manejo e experimentação animal e instalações com alto grau de exigência em biossegurança e bioética. Segundo a FDA, ela também demanda a produção de lotes do imunizante em escala-piloto. O objetivo é avaliar como o composto é metabolizado pelo organismo animal e se é seguro e eficaz para ser aplicado em seres humanos.

Aproximadamente 90% dos compostos avaliados nessa etapa são reprovados e não seguem adiante. Os que conseguem avançar são testados nos chamados ensaios clínicos duplo-cegos de fase 1, em geral com grupos de 20 a 100 pessoas. Segundo informações dos Centros de Controle e Prevenção de Doenças (CDC) dos Estados Unidos, essa etapa serve para determinar os parâmetros de segurança relacionados à eficácia do imunizante e a dosagem da formulação mais indicada para uso em seres humanos. Neles, os voluntários são divididos aleatoriamente em um grupo de controle que recebe uma solução inócua (placebo) e outro em que é testada a candidata a vacina — para garantir a idoneidade do estudo, nem médicos nem participantes sabem quem está recebendo o quê.

Muitas das candidatas aprovadas nos estudos pré-clínicos são descartadas na fase 1 por não apresentarem os efeitos desejados — o que não significa que os dados produzidos sejam descartados. Pelo contrário, muitos são publicados sob a forma de artigos científicos em revistas especializadas, podendo vir a desempenhar um papel crítico no desenvolvimento de novas pesquisas sobre outros imunizantes no futuro.

Foi assim durante o desenvolvimento das vacinas contra o SARS-CoV-2, causador da COVID-19. Em meio à emergência sanitária, cientistas do mundo todo se debruçaram em estudos sobre os mecanismos de ação do vírus causador da Síndrome Respiratória Aguda Grave para avançar em uma estratégia de combate ao novo patógeno. 

“A ciência é construída em cima da ciência”, destaca o imunologista Gustavo Cabral de Miranda, pesquisador do Instituto de Ciências Biomédicas da Universidade de São Paulo (ICB-USP). “Sempre que um problema novo se apresenta aos cientistas, eles se debruçam sobre o que foi produzido no passado para orientar suas investigações”, complementa. É como uma caixa de ferramentas à qual se recorre quando precisamos consertar algo.

As formulações que apresentam bons resultados nos estudos clínicos de fase 1 avançam para os testes clínicos de fase 2, com grupos maiores de 100 a 300 indivíduos. O objetivo agora é verificar a relação entre a eficácia do novo imunizante e seus possíveis efeitos colaterais, e atestar se o produto realmente pode ser útil para a finalidade a que se propõe. Essa etapa pode se prolongar por até dois anos. Apenas um terço das formulações testadas em ensaios clínicos de fase 2 chegam à fase 3, última etapa antes do pedido de registro do produto nas agências regulatórias.

Essa fase pode durar até quatro anos e envolve estudos amplos baseados em um mesmo protocolo para o uso da nova vacina. Contam com a participação de vários centros de pesquisa, que testam o imunizante em grupos de 1 mil a 3 mil pessoas. Trata-se de um trabalho coletivo. Como em uma engrenagem, o conjunto só funciona quando todos os atores envolvidos estão integrados e afinados. Ainda assim, de cada 10 compostos que atingem esse estágio, apenas três são aprovados e liberados para comercialização.

Por causa dos altos custos e da exigência de equipes especializadas, o desenvolvimento de novas vacinas costuma ser um negócio arriscado e demorado mesmo em países desenvolvidos. Normalmente, as empresas farmacêuticas multinacionais são as únicas capazes de viabilizar as três fases de criação de novas vacinas. No Brasil, poucas instituições contam com a infraestrutura necessária para os testes em animais. Isso porque é muito custoso abrir e manter laboratórios desse tipo, e como a demanda por esse serviço no país é baixa, o investimento se torna muito arriscado. Segundo Mirada, a saída muitas vezes é recorrer a centros no exterior, que produzem as doses e as testam em animais, mas a altos custos. 

O país também tem experiência restrita em ensaios clínicos de fase 1 e 2 em pequenos grupos de seres humanos, já que esses testes demandam alto grau de investimento e costumam ser coordenados por grandes empresas farmacêuticas sediadas nos países em que a tecnologia foi desenvolvida. 

Tais limitações não são exclusivas do Brasil. Para contorná-las, a Organização Mundial da Saúde (OMS) conta com um sistema de pré-qualificação de imunizantes,  o qual funciona de forma complementar e suplementar às agências regulatórias internacionais. Nele, a OMS realiza avaliações técnicas de qualidade, segurança e eficácia — por meio da revisão de estudos clínicos e laboratoriais e testes em seus próprios laboratórios ou no de parceiros — para garantir a eficácia e segurança do imunizante. Isso permite acelerar o trâmite de aprovação de novas vacinas para que estas possam ser usadas para apoiar programas de saúde pública de países de baixa e média renda.

Por ser um processo complexo e exigente, apenas alguns laboratórios produtores de vacinas no mundo conseguem obter a pré-qualificação. Uma delas é a biofarmacêutica chinesa Sinovac, cuja vacina contra varicela (catapora) foi pré-qualificada pela OMS em novembro de 2022. Essa foi a primeira vacina chinesa pré-qualificada pela OMS contra varicela e a quarta vacina da Sinovac a receber esse tipo de aprovação da agência internacional. Outras vacinas da empresa que receberam a pré-qualificação foram as voltadas ao combate da COVID-19, à hepatite A e à poliomielite..

As vacinas da Sinovac já foram distribuídas em mais de 80 países. Somente a voltada ao combate da COVID-19 foi aprovada para uso em mais de 60, entre eles o Brasil. «Tivemos resultados rápidos com a vacina graças ao acúmulo de experiência no desenvolvimento de vacinas inativadas nos últimos 20 anos», destacou Yaling Hu, responsável pelas operações de pesquisa e desenvolvimento da farmacêutica chinesa.

«A ciência por trás das vacinas é sólida e elas são uma das intervenções médicas mais seguras e eficazes», diz Miranda, do ICB-USP.  O pesquisador explica que mesmo depois de aprovadas, as vacinas continuam sendo monitoradas pelas agências regulatórias para identificar possíveis efeitos colaterais raros ou de longo prazo não observados nos testes clínicos. «Essa vigilância garante que qualquer problema seja identificado rapidamente e, se necessário, medidas corretivas sejam tomadas.»

Ao se vacinar, uma pessoa não apenas protege a si mesma, mas também contribui para a proteção da sociedade como um todo, especialmente daqueles que não podem ser vacinados por razões médicas, como bebês ou pessoas com sistemas imunológicos comprometidos. «As vacinas ajudaram a erradicar ou controlar várias doenças grave», diz o imunologista, referindo-se à varíola, erradicada em 1980, e à poliomielite, quase erradicada em todo o mundo. No Brasil, campanhas de imunização em massa permitiram ao país erradicar o vírus selvagem da rubéola e da pólio, que provocava cerca de 10 mil casos por ano na década de 1980.